La historia de la fiesta y de la calculada y sensata tolerancia de los poderes hacia ella es un patrimonio barcelonés, una manifestación profunda de su manera de ser. No en vano, la represión franquista suprimió el Carnaval. La recuperación de la fiesta fue una necesidad democrática y, pasado el tiempo, las manifestaciones lúdicas, que parten de lo más profundo de la sociedad urbana, acaban brotando solas. La fotografía, en todo caso, ha sabido recorrer los éxitos y las pérdidas.

El ocio, palabra nueva, y el deporte, invento reciente, han tendido a ser aislados en lugares especializados y cerrados, en los que se pierde la participación y el ambiente urbano propios de los ámbitos exteriores. La fotografía ha recogido la conquista de las playas urbanas, y el entusiasmo barcelonés por las concentraciones lúdicas. Pero también ha captado que una parte central del espacio urbano se convierte crecientemente en lugar de ocio de los visitantes, de los turistas.

Oriol Maspons
Toreig de saló
1962
Calle del Poeta Cabanyes.