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La ciudad son los ciudadanos. La civitas
(los hombres y las mujeres) justifica la existencia de la
urbs (la estructura física). La densidad de personas
que ocupan los espacios públicos, la masa anónima
que circula por las avenidas, los individuos que se pierden
uno a uno en el anonimato definen la ciudad. La fotografía
lo ha plasmado mejor que ninguna otra técnica, y ha
ido construyendo la memoria de los tipos urbanos que, en cada
período, caracterizan la ciudad.
La cámara muestra la apariencia,
variable a lo largo del tiempo, de los ciudadanos en el espacio
público, y nos recuerda, por ejemplo, que las mujeres
iban con la cabeza cubierta hasta no hace tanto. Pero la fotografía
consigue algo más difícil: mostrar las actitudes
de los ciudadanos en la calle (espera, descanso, sueño),
capturar la expresión de sus emociones, alegrías
y penas (amor, risa, llanto, sorpresa). Casi tan solo las
voces de los ciudadanos escapan al fotógrafo.
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