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Los terrados constituyen un ámbito
separado de la agitación de las calles, elevado, prohibido,
festivo y mágico, que ha dado el contrapunto necesario
al espacio de las calles. En los terrados barceloneses se
tendía la ropa y se sacudían los colchones,
se levantaban los palomares, jugaban los niños y se
hacían las verbenas de San Juan. Allí sucedía
buena parte de lo que era misterioso. La fotografía
se interesó por ellos hasta que se fueron vaciando
de contenidos.
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