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La constante y multiplicada presencia
de la fotografía, que le permite recorrer a lo largo
del tiempo todo aquello que en la ciudad perdura, la hace
especialmente adecuada para captar la escena urbana, el marco
físico, el espacio público. Las fotografías
no sólo son capaces de detener el tiempo en un instante
preciso, sino que han mantenido una atención duradera,
día tras día y año tras año, en
buena parte del tejido urbano. De tal manera que las imágenes
fotográficas no tan solo preservan la memoria de la
ciudad en sus diferentes momentos, sino que, por su perseverancia
en la captación del instante, fundamentan memorias
comparadas. Una condición que puede despertar la nostalgia,
pero también la crítica del presente y el deseo
de transformar y de mejorar la ciudad.
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